Otro amanecer

Dos años han pasado desde nuestro segundo viaje a China y cinco desde el primero. El tiempo pasa inexorablemente... Nunca imaginé que en media década hubiesen sucedido los dos acontecimientos más grandes e importantes de mi existencia. En este corto lapso de tiempo, todo ha cambiado, se ha transformado, dejando paso a unas nuevas personitas que han hecho de nosotros personas mejores.

El camino no ha sido fácil y tampoco lo es en la actualidad pero los resultados son alentadores y me dan fuerzas renovadas cada día para seguir adelante. Mis dos chinitos son mi vida y no me imagino ni un solo día sin ellos. Están creciendo, se están haciendo unos hombrecitos preciosos y felices. Pero qué voy a decir yo que soy su madre. Una madre que esperó mucho para llegar hasta ellos y caminó senderos sinuosos y cargados de obstáculos como muchos de vosotros que habeís elegido esta forma de maternidad y paternidad pero todos han merecido la pena.

Cada mirada, cada risa, cada llanto... están clavados en mi mente y en lo más profundo de mí. Son como ese sueño dulce y tan esperado que pensamos que nunca se hará realidad pero que cuando llega lo vives plenamente y lo tomas a manos llenas.